La elección de las botas de esquí es con seguridad la más importante y clave que deberás realizar a la hora de adquirir tu material. El confort y las prestaciones de la bota deben ser las metas a las que aspirar, no el color, ni el modelo, ni si quiera la marca. Porque cuando esquiamos necesitamos que el pie no sufra y pueda transmitir al esquí correctamente las fuerzas de nuestro cuerpo. Hoy vamos a ver unas nociones que te ayudarán a la hora de elegir tus botas de esquí.

 

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¿Cuántas jornadas de esquí maravillosas se habrán estropeado en este mundo por culpa de dolores que han causado las botas en pies, espinillas y gemelos? Infinidad. Una mala elección de bota puede dar al traste no sólo con el disfrute del esquí, sino que puede llevar a problemas de salud más importantes si se exponen al dolor de modo continuado. Nos atrevemos a decir que la bota de esquí es el elemento más personal e importante de los que componen el material duro: un esquí podrá tener una sensación u otra, pero una bota no adecuada a tu pie te puede fastidiar y pasar factura.

Actualmente el universo del material ha evolucionado de forma espectacular y contamos con grandes avances en aspectos como el confort, los materiales, los botines y elementos que pueden modificar ciertos aspectos que hasta hace no mucho no tenían remedio. Porque las botas de esquí que encontramos en el mercado ya no son como antes un botín de plástico rígido dentro de otro plástico rígido y que se quedaban heladas y casi no se sentía el pie dentro. A día de hoy hay mucha variedad y seguramente, encontrarás la bota que está hecha a tu medida.

Dos consejos para empezar:

  1. Déjate guiar por buenos profesionales. Ellos conocen y han probado el material que venden y podrán entender tus sensaciones y aclararte los aspectos más técnicos.
  2. No escatimes en tiempo para probar las botas que vayas a comprar. En la tienda entienden que vas a probar distintos modelos y vas a perder tiempo. No corras. Intenta llevar los calcetines con los que esquías (se nota la diferencia con un calcetín o media de diario). Prueba una en un pie y otra en otro. Ve notando sensaciones. Flexiónalas, tal y como haces esquiando. Ve descartando. Y sobre todo, guíate siempre por las sensaciones que tienes de tus pies y gemelos. Si al final resulta que el color y el estilo te gustan, maravilloso. Pero no dejes que lo estético prime sobre el confort en tu elección. Y que no te importe invertir tiempo en esta elección.

Como hemos indicado antes, la evolución de la tecnología permite que actualmente podamos elegir entre cientos de modelos de un buen abanico de marcas, con diferentes índices de flexión, con botines más o menos sofisticados, cañas que permiten el desbloqueo, suelas adherentes, etc. Las opciones son múltiples, desde botas de competición (más duras y menos confortables al pie, pero más precisas a la hora de realizar los movimientos) a las botas all-mountain (son las más extendidas y que garantizan unas buenas prestaciones a la par que un buen confort para el pie). Y por supuesto, esto mismo, pero en la gama de mujeres, ya que tienen la caña más baja, las hormas suelen ser más anchas y suelen ser más ligeras y tener un mayor aislamiento térmico.

En lo que si debes fijarte y ser honesto con tu nivel de esquí, peso y altura son estos tres parámetros: el índice de flexión, la talla y la horma de la bota.

  1. Índice de flexión: también llamado Flex, es el grado de dureza y resistencia que la bota nos opone para flexionarla hacia delante en el movimiento habitual del esquí. No tiene un estándar oficial, aunque las marcas suelen ser bastante uniformes en este aspecto. Para hombres, podríamos decir que un debutante-intermedio le bastaría con llegar hasta el índice 90 en hombres y 70 en mujeres; un intermedio-avanzado alcanzar hasta 110 en hombres y 90 en mujeres; y un avanzado-experto seleccionar una bota a partir de 120 en hombres y a desde 100 en mujeres. No te pases de dureza si tu nivel no es el adecuado o podrás notarlo mucho…
  2. Talla: las botas de esquí tallan por el sistema Mondo Point, que mide en centímetros el pie. Para conocer tú medida de botín basta con medir tu pie descalzo en un medidor de este estándar que encontrarás en tu tienda. En este punto tenemos que aclarar que la bota tiene que quedar siempre justa y no vale eso de que la quiero un poco más grande para ir más cómodo. Si el talón no ajusta bien, el pie va a moverse y puede llevarnos a rozaduras o juanetes. Lo ideal al colocar el talón bien atrás es que la punta de los dedos vayan ajustados a la punta del botín. ¿Por qué? Porque al flexionar, el pie siempre va hacia atrás y es la medida necesaria, la ideal para el esquí, no la posición de pie o la de andar. Un mal ajuste nos llevará a perder precisión en los giros y también puede hacernos daño. Una bota debe quedar bien justa, pero sin estrangularnos la circulación.
  3. Horma: la horma corresponde a la anchura de la carcasa de la bota. Podemos encontrar tres tipos: estrecha, media y ancha. Orientativamente podemos hablar de que una horma de 100mm. es una horma ancha. Hacia arriba o abajo ya serán denominadas anchas o estrechas. Habitualmente la caña de la bota (la parte alta) va en consonancia con la horma. Así hormas estrechas serán mejores para gente sin mucha pantorrilla y las anchas permiten más a las personas con más volumen en esta parte de la pierna.

Una vez conocidas estas tres variables, tenemos qué pensar cómo son nuestros pies, pantorrillas y gemelos y comenzar a probar botas, dejándonos aconsejar por profesionales. Que no te confundan los colores de una bota porque peguen más con tu traje o porque tal o cual marca estén de moda y las lleve tu amigo Joselito. La elección de las botas de esquí es importantísima, y aunque su desembolso suele ser grande, es un material que te va a durar si lo cuidas bien y del que va a depender en gran medida tu disfrute en tus días de esquí.